martes, 2 de junio de 2009

Si miras hacia el este está la noche,
ya consumada,
ardiendo en sus medusas luminosas, bestia atroz,
hogar en entresuelo.
En la vitrina enorme
la mala idea enciende sus pilotos:

ya todo es automático.

En el oeste el sol es un pitillo
mal apagado,
vapor violeta destiñendo
esa cordialidad fingida de las calles encubiertas.

Como un pequeño mar embravecido cada cuerpo
eclosionando,
no flor
sino marea, alta marea que se dirige irrevocable a su cansancio.

Pero es temprano
-así será eternamente, por hoy, al menos-
y participo del solsticio
de esta mentira tan certera como el aire.