lunes, 27 de abril de 2009

I

El sol golpea.

La luz recarga el músculo en su curva,
una gotita de sudor en la pupila.
-Quizás de tanto andar
a cuestas de tus ojos.

La lágrima ya dicha se revuelve,
la sombra busca siempre
los más oscuros ángulos.

El cuerpo tiene la textura de un paisaje
con árboles, paisaje de tormenta en mes de estío,
un móvil con canciones
de cuna, nanas inocentes.

La lágrima atardece tiernamente
entre horizontes,
el pensamiento lastimado en cada poro,
bajando del cabello hacia la frente.

Y la ciudad dormida exhibe soledades.

II

Un pensamiento póstumo
al recordarla.

.....................El ave vuelve de memoria.

III

Hay un olor a hormiga machada con las uñas:
crueldad innata;
y la aspereza en la garganta,
en esa voz llamada
silencio,
esa aspereza
de esperma derramada por la piel.

¡Extraño mundo el de estas horas,
o extrañas horas
las de este mundo?

El óxido en el filo de la página,
los muros que sostienen
el vendaval ahí fuera. Andar pensando
en píldoras, milagro en cápsula,
dudosa cruz de la farmacia.

IV

Nosotros esquivando la palabra,
el ácido,
la cáscara de la naranja
mordida, la promesa, hipotecarse el día,
el día de,
de a lo mejor mañana si las flores
no caen en medio del pasillo secas.

Y luego siempre la fotografía de tus manos,
hacer de un barrio un cuadro de Mondrian
y los pequeños pasos enredados
en mis manías.

V

El sol se escapa de la tierra previsible,
ella tendrá la sed, la boca seca de las algas,
sabrá cambiar un corazón tarado
por la ciudad de llamas,
un plan por un futuro... no me cuadran
las cuentas si me cuento,
ya ni
me sé
vacío
-tan solo en la ciudad en llamas.

¿Dónde se van los niños cuando crecen?
¿De qué pais de valientes
se exilian los ancianos?

Lo peor es no saber
en qué podrías convertirte,
saber qué objetos te poseen, como si tú
tan solo fueras su significado.